viernes, 26 de marzo de 2010

Edu, modelo de superación.



El centrocampista estadounidense Maurice Edu ha tenido una carrera salpicada de vicisitudes. Tras interrumpir su carrera universitaria para incorporarse en 2007 al Toronto FC de la Major League Soccer(MLS), el fornido, incansable y trabajador centrocampista parecía encaminarse directamente hacia la cumbre. De entrada, ganó el premio al “novato del año”, que se concede cada temporada al mejor debutante en la liga norteamericana, y remató la faena con una serie de exitosas actuaciones con la selección de Estados Unidos.
Tres días después de concluir su periplo por los Juegos Olímpicos de 2008, en agosto, el polivalente "Mo", que desempeñó encomiablemente la función de defensa central en Pekín, tomaba un avión rumbo a Glasgow para fichar por un grande escocés, el Rangers. En menos de año y medio, el jugador de 23 años había explotado en la MLS, había hecho que el campeonato se le quedara pequeño, se había convertido en un fijo con su selección absoluta y había firmado un lucrativo contrato con uno de los clubes más ilustres del fútbol europeo.
Sin embargo, los días de gloria fueron efímeros para el joven Edu. Casi al momento de su llegada a Escocia, el robusto medio centro de contención fue relegado al equipo filial. En la segunda parte de la temporada, no obstante, logró abrirse paso con uñas y dientes en el primer equipo y poner su granito de arena para que el Glasgow Rangers se apuntara el doblete liga-Copa. Pero justo en ese tramo final del curso, su progresión quedó detenida. Una lesión de rodilla lo dejó cruelmente en el dique seco, mientras sus compañeros de equipo pasaban a celebrar una campaña repleta de trofeos.
De hecho, el contratiempo resultó más grave de lo que se pensaba, y supuso que Edu se borrara de la lista de Estados Unidos para disputar la Copa FIFA Confederaciones en Sudáfrica un mes más tarde. La competición resultó un hito memorable para los a priori secundarios estadounidenses. Cuando todo el mundo los daba por muertos, los hombres de Bob Bradley doblegaron a Egipto y a España, y pusieron contra las cuerdas a Brasil en una final histórica, aunque a la postre perdida. Las Barras y Estrellas se habían ganado el respeto del mundo del fútbol, y Edu se había perdido la fiesta.
Tampoco le resultó sencillo aparcar la decepción. Su siguiente partido con el Glasgow Rangers llegó siete meses después, cuando ya por fin estuvo a punto, tras una operación y su correspondiente y exhaustiva rehabilitación. Entre tanto, Ricardo Clark había pasado a asumir su puesto en la selección, aferrándose a él con las dos manos mientras las esperanzas de Edu de volver a Sudáfrica –esta vez, a la Copa Mundial de la FIFA 2010– se iban debilitando. “Alinearse en un Mundial es el sueño de todo jugador”, expresó con sencillez a FIFA.com mientras disputaba los Juegos Olímpicos en China. “Yo no soy diferente. Me siento muy orgulloso cuando me pongo la camiseta de Estados Unidos, y quiero seguir avanzando con la selección”.
Edu, un futbolista sumamente competitivo, no arrojó la toalla en ningún momento. A base de trabajo, consiguió volver a contar en la presente temporada para el entrenador del Rangers, normalmente como suplente, mientras el equipo empezaba a cimentar una renta considerable al frente de la tabla de la liga escocesa. Como era de esperar, con la visita a Ibrox del eterno rival, el Celtic, el 28 de febrero, las gradas eran un hervidero de pasión. No en vano, la posibilidad de que el Glasgow Rangers ampliara a diez puntos su ventaja sobre sus vecinos y enemigos (con un partido menos) se presentaba en bandeja.
El técnico local, Walter Smith, sacó a la palestra a su musculoso estadounidense en el minuto 27, con el marcador atrancado en el 0-0. Era el marco idóneo para la épica. Casi al instante, Maurice remató al fondo de las mallas y, eufórico, salió corriendo para celebrar su golpe de suerte; sin duda un renacer para una carrera que volvía a empezar. Pero el fútbol a veces es cruel, y su acción fue anulada por el árbitro, por mano previa de otro jugador. Sin embargo, “Mo” se negó a bajar los brazos y, en un saque de esquina a escasos segundos del final, se dedicó a merodear atento por el área pequeña. Así, cuando el guardameta del Celtic, Artur Boric, dejó escapar el esférico tras realizar un par de paradas consecutivas, Edu estaba al acecho para empujar mansamente a la red el tanto más sencillo de su vida, y también el más importante.
Una nueva era
Las celebraciones subsiguientes fueron las que corresponden a un gol de la victoria en el tiempo añadido de un derbi del Old Firm; y el rostro de Edu, con sus compañeros apiñados en torno a él, expresaba toda una historia de perseverancia, desilusión y coraje. "No hay nada comparable a esto en mi carrera, ni siquiera en el fútbol internacional”, afirmó Edu, que también jugó este fin de semana la final de la Copa de la Liga, con triunfo del Glasgow Rangers ante el St. Mirren. “Éste ha sido el momento más emocionante. Pero en el fútbol se viven muchos altibajos. Uno disfruta de los momentos vibrantes, pero no se deja llevar por la euforia. Y lo mismo pasa con los peores momentos: simplemente tienes que intentar superarlos y seguir adelante”, concluyó el jugador, visiblemente curtido por los considerables obstáculos dejados atrás.
Algunas veces, un gol no es más que un gol. Pero en ocasiones así, una carrera puede dar un giro de 180 grados. Y el seleccionador estadounidense, Bob Bradley, habrá tomado nota del enorme logro de Edu y de la fortaleza mostrada en su lucha por reenderezar el rumbo. El medio centro también causó una gran impresión en un reciente amistoso con derrota ante Holanda, en su primer partido internacional desde que jugó menos de dos minutos contra El Salvador en marzo de 2009; y también el último encuentro antes de que Bradley comunique su lista de convocados para Sudáfrica 2010. Edu podría obtener perfectamente un billete en el vuelo chárter de las Barras y Estrellas a Sudáfrica, donde, con todo el dolor de su corazón, no pudo gozar del delirio de aquel glorioso verano de 2009. Y dado que Clark, su sustituto en esa histórica Copa Confederaciones, está sufriendo serios problemas con las lesiones, la baja forma y la confianza en sí mismo después de su fichaje por el Eintracht de Fráncfort alemán, el oportunista Maurice podría tener las puertas aún más abiertas.
En el fútbol hay que aprovechar las ocasiones que se presentan, y Edu parece estar listo para atacar de nuevo.

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